Cuando el cuerpo te impide vivir las vacaciones

Rep cada dilluns una idea senzilla per reconciliar-te amb el menjar →

Recuerdo muchos veranos en los que no me bañaba en la playa o la piscina.

No porque no me gustara el agua. Sino porque para meterme tenía que quitarme la camiseta. Y quitarme la camiseta significaba que alguien me vería. Y que alguien me viera significaba vergüenza, rechazo, incomodidad.

Así que me quedaba en la toalla. Leyendo, o mirando el móvil, o haciendo como que prefería tomar el sol.

Mis amigas se metían en el agua. Yo las observaba mientras hablaba conmigo misma. "El verano que viene, que estaré mejor, me bañaré". Siempre pensando que en el futuro todo se solucionaría.

Y me perdía nadar. Me perdía disfrutar del agua. Me perdía estar con mis amigas. Me perdía un verano que nunca más volvió.

Año tras año.

Esperando que mi cuerpo fuera suficiente para permitirme vivir. Haciendo de los veranos un "estado de espera" a un futuro idílico, donde estaría delgada y me sentiría bien con mi cuerpo.

Hasta que tras mucho trabajo interno, entendí que mi cuerpo, tenga la forma que tenga, se merece que lo cuide. Que merezco vivir y disfrutar. Que no tengo ninguna garantía de que el verano que viene esté aquí.

Y que la única persona que puede darme permiso para disfrutar del verano soy yo.

El objetivo no es cambiar radicalmente de un día para el otro. Si no estás preparada para quitarte la camiseta delante de todo el mundo, no te fuerces. Pero empieza por cambiar pequeños gestos.

Quédate cinco minutos sentada al borde del agua. Mójate los pies. Pasea por la orilla del mar. Poco a poco.

Pero, de verdad, no te pierdas otro verano más pensando que tu cuerpo es "un problema a resolver".

No vale la pena.